Entrevista al fotógrafo fetichista Toni Chaptom

Toni Chaptom es uno de los más destacados profesionales en el ámbito de la fotografía fetichista. Ha colaborado con varias de las mejores publicaciones especializadas como el “Magazine Von Gutemberg”,  “Secret Magazine” y “Cuadernos de BDSM”, además de ser reseñado en periódicos como “El Mundo”  . Hasta el próximo viernes 14 de marzo, expone en la librería-cafetería de Lavapiés (Madrid)  “El dinosaurio todavía estaba allí”, su trabajo “Desiderium”, una colección de fotos realizadas a lo largo de varios años. Esta exposición ha visto prorrogada su duración por tercera vez, lo que habla del interés generado por las fotografías que la integran.

“De entre las letras” ha tenido la oportunidad de realizar una entrevista exclusiva a este artista para que comparta con nosotros su particular modo de disfrutar la fotografía y el fetichismo.

1)  Toni, cuando te pones tras la cámara, ¿qué es lo que pretendes captar y ofrecer al espectador?

Me atrae el lado oscuro de la Dama a la que fotografío y en consecuencia busco sacar su lado más salvaje y perverso. Busco sacar a la “niña mala” que suelen llevar dentro.

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2) ¿Cuál fue tu periplo en el mundo de la fotografía? ¿Eras fotógrafo anteriormente y te interesaste por el fetichismo o tu interés en el fetichismo hizo que te sumergieras en la fotografía?

Siempre he tenido una indescriptible atracción por la imagen y ha sido en la fotografía fetichista donde he encontrado el nicho donde sentirme como en casa.

3)  Actualmente todo lo relacionado con el fetichismo y modelos de sexualidad alternativa, está viviendo un momento de auge y exposición pública, ¿crees que permanecerá o que será sólo una moda pasajera?

Creo que se trata de una moda pasajera que, sin embargo, revive con cierta frecuencia, animada por marcas transgresoras que la sacan a luz de vez en cuando.

4) Entre tus espectadores, ¿cuáles son las reacciones más frecuentes a tus fotografías?

Mi fotografía no suele pasar desapercibida y habitualmente, o causa atracción o un rechazo frontal. No suele haber un término medio.

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5)  La relación entre fotógrafo y modelo es clave para el resultado de la fotografía. ¿Cómo logras crear y cuidar ese ambiente con tus modelos para lograr la autenticidad en tus obras?

Intentando establecer un vínculo que va más lejos de una mera sesión fotográfica. Digamos que es una amistad donde la cámara simplemente es el nexo que nos une.

6) En tu trabajo vemos localizaciones muy diversas: desde campiñas neblinosas hasta fábricas abandonadas o solares urbanos y azoteas. ¿Cómo escoges tus escenarios? ¿Podrías hablarnos de tus favoritos?

Mis favoritos son aquellos escenarios donde se produce un claro contraste entre la belleza de la modelo y la localización, una especie de adaptación al estilo “La bella y la bestia”.

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      “Supongo que soy uno de esos fotógrafos fetichistas              empedernidos a los que les gusta decir al mundo que mi cámara y el hombre que hay detrás de ella existen. Internet ha hecho que esta tarea sea relativamente sencilla, ya que me permite subir mi trabajo en cuestión de minutos.”

7)  Con los años que llevas dedicado a esto, seguro que tienes algunas anécdotas graciosas que puedes contarnos.

Seguramente la más llamativa es que probablemente mi calva ha sido más fotografiada que mis propias modelos porque, suelo tener detrás a toda una tropa de fotógrafos espontáneos, que no pueden evitar intentar excluirme de sus fotos. De hecho, un día tuve a toda un autobús de japoneses a mis espaldas así que probablemente soy más conocido en Japón que en España [sonríe].

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La fotografía, así como otras áreas audiovisuales, son parte de mi vida. Disfruto usando mis cámaras y como suele decir mi pareja, a veces me olvido del resto.

8)  Se dice que los padres quieren a todos sus hijos por igual, pero en el arte sabemos que eso es diferente. ¿Cuál es el proyecto que más satisfacciones te ha reportado?

Ese proyecto tiene nombre de mujer y no es sino mi musa y compañera Andrea Griffin, sin la cual nada de esto tendría sentido.

9) ¿De dónde sacas la inspiración para tus fotografías?

De mis propias fantasías.

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10)  Tras “Desiderium“, tu actual exposición, ¿qué nuevos proyectos tienes en mente? 

Siempre tengo proyectos en mente y en particular ahora sigo trabajando en que Desiderium se convierta en una exposición itinerante y, en la preparación de un libro muy especial del que todavía no os puedo dar detalles.

Muchas gracias por haberos fijado en mi fotografía.

Toni.

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Reseña de “Monuments Men”, la última película dirigida por George Clooney

¿Merece el salvamento del Arte la pérdida de vidas humanas?

La pregunta puede ser sencilla si quien arriesga la vida ha tomado su decisión de un modo más o menos libre. Pero se vuelve un entramado laberíntico de disquisiciones morales cuando es otro quien tiene que decidir sobre vidas ajenas.

El actor y director estadounidense George Clooney adapta el ensayo documental de Robert M. Edsel en la película homónima “The Monuments Men” y plantea la cuestión a lo largo de una cinta irregular y un tanto desaprovechada.

En plena II Guerra Mundial, cuando la derrota de Rommel en África permite a los aliados acosar a Alemania desde el sur de Europa (Italia) y el norte (Normandía), expertos británicos y norteamericanos intentan llamar la atención sobre una dolorosa paradoja: el avance de las tropas que se contraponen a la barbarie nazi está suponiendo pérdidas irreparables en el patrimonio artístico europeo y mundial. Surge así una iniciativa marginal dentro del ejército de los EE. UU., intentar minimizar los daños producidos por los aliados en dicho patrimonio. Pero pronto la misión conlleva un más difícil todavía: investigar y reparar el expolio artístico perpetrado por los nazis durante su ocupación de los distintos países que fueron cayendo bajo su férula.

Todo gran dictador rebosa megalomanía. Hitler y su sueño del “Reich de los mil años”, lejos de ser una excepción, suponen el paradigma moderno del megalómano totalitario. Entre las muchas excrecencias estéticas de su proyecto, estaba el “Führermuseum”, un complejo museístico que debería construirse en Linz y que reuniría la colección de arte más numerosa y espectacular que hubieran visto los siglos, todo para mayor gloria del líder que llevaría a la nación alemana a su supuesto destino natural, el dominio del mundo.

ImagenHitler ante la maqueta de uno de sus proyectos megalómanos.

Para nutrir las numerosísimas galerías, salas y pasillos del que sería el museo por antonomasia, la Wehrmacht, las SS y toda la burocracia del edificio nacionalsocialista debían colaborar expurgando las mejores obras de arte diseminadas en la Europa ocupada, trasladarlas a lugares seguros hasta el advenimiento de la victoria final y regalarlas al Führer cuando la esvástica fuera el símbolo del nuevo imperio mundial.

La derrota en la guerra partió Alemania (y Europa), y se llevó por delante al nazismo como movimiento organizado, la vida de Hitler y el faraónico proyecto de su museo. Pero el mayor expolio de arte de la Historia hubiera resultado exitoso en casi su totalidad de no ser por un hecho sin precedentes en cualquier conflicto bélico: por primera vez, los ejércitos victoriosos (con la notable excepción de los soviéticos) renunciaron a parte del botín y diseñaron una arquitectura burocrática destinada a devolver las obras de arte a sus lugares y dueños previos a la guerra.

Con estos mimbres históricos y un reparto de lujo que muestra su tirón como aglutinador de estrellas de Hollywood, Clooney nos ofrece su cuarta película como director. Sin embargo, el film promete sin acabar de cumplir, amaga sin terminar de explotar las muchas posibilidades que tiene su guion. En el primer tercio de la película el espectador parece estar esperando que suceda algún punto de quiebre (algo bien fácil teniendo en cuenta el escenario bélico en el que los personajes están inmersos) y por momentos la película parece estancarse, o aún peor, decidirse por una narrativa ligera, como si se tratase de una sencilla historia de aventuras de unos cuantos personajes bienintencionados y sin mucho fondo, que pasean por una hermosa pero desvencijada Europa donde el atrezzo de la guerra forma parte del paisaje asumido como normal. Quizá fue una apuesta narrativa para lograr mayor contraste cuando las historias de los protagonistas empiezan a complicarse, pero en ese primer tercio de la película, muchos espectadores ya se habrán construido un juicio negativo de la película. La siguiente fase de la cinta parece que sólo guarda un as en la manga: lograr inquietar al espectador poniendo en apuros a los protagonistas. E incluso esos apuros y sus resoluciones resultan decepcionantes.

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La Madonna de Miguel Ángel, una de las piezas clave en la película.

Al parecer, la falta de tensión se debe a la intención del director de ser escrupulosamente fiel a los hechos históricos, lo que supone restar espectacularidad a muchas de las situaciones narradas. Pero no se entiende que, con el gran presupuesto manejado, se haya escogido una estética visual que renuncia a la grandiosidad de paisajes y tomas (se echa en falta una dirección fotográfica que deje su huella) en una Europa humeante. La secuencia del (relajado) desembarco en Normandía o la llegada al castillo de Neuschwanstein posibilitaban un mayor lucimiento estético.

Cabe destacar la secuencia de Bill Murray en la ducha (no se asusten) mientras escucha la reproducción de un vinilo con un mensaje de navidad de su familia, probablemente el mejor momento actoral de toda la película. También está espléndida en su papel Cate Blanchet, la experta parisina en arte, acusada de colaboracionismo con los nazis. Lamentablemente, su personaje está poco explotado, además de que su tensión con el personaje de Matt Damon (muy plano y soso durante todo el filme, incluso cuando su vida está en juego) resulta superficial y manejada con simpleza.

Clooney y Goodman se limitan a estar correctos, y algo más destaca el oscarizado actor francés Jean Dujardin. Los villanos, por su parte, pese a sus enormes posibilidades, son directamente desaprovechados, cuando no ninguneados por la trama.

El desenlace de la película, si bien gana en sobriedad según avanza, es de nuevo deudor de esa morosidad con la que toda la cinta parece dirigida. La secuencia final ante una obra de Miguel Ángel y respondiendo a una pregunta de todo un presidente de los EE. UU. sí me resultó muy acertada y carismática.

En esta secuencia final se pretende dar una posible respuesta a la pregunta con la que he iniciado esta reseña. Sin embargo, esa respuesta no es única, y varía según quién haya de darla. En Normandía, se muestra a un joven coronel irritado con los protagonistas y esgrimiendo el irreprochable argumento de “No pienso escribir a una madre diciendo que su hijo ha muerto porque no quisimos bombardear un campanario”.

El personaje de Clooney, el jefe de los “Monuments Men”, por su parte razona que si la guerra, aunque resulte victoriosa para los aliados, supone la desaparición de ingentes obras de arte, la barbarie habrá vencido aún siendo derrotada. El arte se convierte bajo este prisma, en lo que define al ser humano, en su legado por encima de los hijos y los nietos. Las obras del ser humano serían así su ultima ratio, su razón de ser y fin último. Pero, ¿quién podría escoger salvar antes la “Mona Lisa” que a otra persona, máxime si es alguien querido? 

No hay una resolución fácil a la pregunta de si salvar el arte justifica arriesgar vidas ajenas. La única decisión es la que cabe sobre la propia vida y será una valoración tan subjetiva que especular que nuestra decisión personal es trasladable a la voluntad de otros, resulta absurdo. Pero la guerra es el encumbramiento del mayor de los absurdos, donde cualquier decisión, por lógica que sea, por obvia que parezca, entraña ya una porción de absurdez, una dialéctica emponzoñada por la lógica ilógica de la guerra. Si el Arte nace del Hombre y éste es menos Hombre si renuncia al Arte, podemos razonar también que la mayor obra de arte será salvar vidas, y que Miguel Ángel, Velázquez, Rodin o Shakespeare, son artistas de una calidad muy inferior a la de la humilde enfermera que salvó vidas en la retaguardia del campo de batalla, la del químico que sintetizó un nuevo desinfectante contra la septicemia o la del doctor que amputó un miembro evitando que la gangrena asesinara a un mutilado. En la “lógica” de la guerra y en la fragilidad de la paz, un muñón puede suponer una obra de arte superior a una catedral gótica y una cicatriz, un trazo que entrañe más hermosura que la partitura de una ópera de Mozart.

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TÍTULO ORIGINAL: “THE MONUMENTS MEN”.

Director: George Clooney. 

Guion: George Clooney (adaptación a la pantalla), Gran Heslov, sobre un ensayo y documental de televisión de Robert M. Edsel.

Reparto: George Clooney, Matt Damon, Bill Murray, Cate Blanchet, John Goodman…

Productora: Sony Pictures Entertaniment.

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Goyo Jiménez en “Al fin solo”, carcajadas garantizadas

¿Por qué las mujeres contestan con un “nada” ostensiblemente falso cuando, ante su visible irritación, se les pregunta qué les pasa? ¿Por qué los hombres gritan cuando se ven superados por una discusión de pareja?

Quizá haya quien crea que sabe responder a éstas y muchas otras preguntas acerca de las tortuosas complicaciones de la vida en pareja. Pero la verdad, la única e hiriente verdad, es que no tenemos “ni p*ta idea”. Afortunadamente, podemos contar con la guía de un gurú como Goyo Jiménez para esclarecer nuestras mentes. Pero no creamos que Goyo nos habla ensoberbecido desde un pedestal de éxito, sino que lo hace desde sus fracasos sentimentales y desde su aceptada inferioridad con respecto al sexo opuesto.

Desde primeros de febrero, Goyo Jiménez ofrece, en el Teatro Callao City Lights del centro de Madrid, su tercer espectáculo-monólogo, titulado “Al fin solo”. Aunque lleva un par de años representándolo por todo el país llenando teatros y palacios de congresos en las ciudades visitadas, este show no había llegado a la capital de España.

Jiménez ha conseguido encaramarse al puesto oficioso de mejor monologuista de nuestro país. Primero incendió la red con sus desternillantes críticas al “american way of life” en una secuencia de monólogos que reunió en su primer espectáculo “Aiguantolifinamerica”. Después ensambló un crisol de temas en su segundo monólogo de larga duración, titulado “En verdad os digo”. Ambos fueron representados durante años en “La chocita del loro” de Gran Vía en Madrid y en muchas otras salas del país.

La repercusión del monologuista ha ido creciendo gracias a las redes sociales y a sus intervenciones televisivas, colofón de las cuales ha sido el especial de Nochebuena de TVE el pasado diciembre.

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En su tercer espectáculo, Jiménez afronta el reto de hollar un terreno humorístico bien trillado, como es el de las relaciones de pareja. No hay humorista que se precie que no haya ofrecido su versión de la guerra de los sexos. Particularmente difícil es entrar en ese ámbito humorístico cuando hay tantos buenos monólogos que han elevado el listón, entre los que destaca “El cavernícola” interpretado por Nancho Novo y que lleva más de cinco años llenando el teatro Fígaro en Madrid.

¿Cómo logra Goyo Jiménez superar con nota este desafío? Siendo fiel a su estilo ácido y provocador. Si usted no está en un buen momento con su pareja, quizá no sea buena idea ir con él o ella a ver este espectáculo, pues Jiménez no deja títere con cabeza. Reparte a diestro y siniestro, a hombres y mujeres, grupos de amigos, de amigas, familiares, pautas sociales y culturales y por repartir, hasta ridiculiza a su público y a sí mismo. Jiménez es de los pocos y necesarios humoristas que hace reír lanzando verdades como puños. Sus sketchs son dardos contra muchas de las verdades establecidas como inmutables, mostrando con humor que encierran facetas aberrantes. Jiménez utiliza sus críticas humorísticas para volverlas contra el espectador y la sociedad de la que éste (y el propio humorista) provienen. Por ejemplo, sus aceradas críticas contra “los americanos”, siempre tenían el reverso de la comparación con los españoles, y pocas veces salíamos bien parados. Aunque en su tercer espectáculo hay menos crítica social que en los anteriores, el humorista no logra resistirse a parodiar algunos de los estereotipos que nos conforman como sociedad, todo ello en un alarde de originalidad que hace que las casi dos horas de monólogo se pasen enseguida.

A día de hoy, hay pocas opciones de ocio en Madrid que rayen a la gran altura de la que durante unas semanas ofrecerá Goyo Jiménez. Si tienen la suerte de que aún quedan entradas, no duden en adquirirlas y prepárense a tener agujetas abdominales el día siguiente.

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El heredero insospechado

                                     <<La costumbre es la gran guía de la vida humana>>

                                                      David Hume

Al principio, Padres estaban siempre y sólo me inducían pensamientos sobre Familia y Hogar. Pasaron ciclos hasta que me dijeron que los Anfitriones existían y que no eran como nosotros. Después, Padres me narraron la extinción de Hogar, el proceloso viaje cuya misión fue salvarme y su accidentado final. Insistían en que no debía preocuparme, pues mi exoesqueleto impedía que Anfitriones me accedieran mientras yo crecía.

Fue una revelación cuando adquirí la capacidad de entrar en la mente de Anfitriones como Padres entraban en la mía. Eran, ciertamente, distintos, pero no ya en su apariencia sino en la composición de su pensamiento. Nos temían. Nos consideraban una incógnita y toda su racionalidad la usarían sojuzgada por lo que ellos definían como “emociones”, un vestigio atávico de su inconclusa evolución. Paseaba por sus mentes sin dejar rastro, pero empecé a cuestionar su visión de la existencia mientras dormían. Así aprendí todo de ellos. Nos consideraban intrusos y no invitados, prisioneros y no huéspedes. Si no pudieran usarnos contra otros Anfitriones, nos destruirían sin dudarlo.

Padres me explicaron que yo era la gran esperanza de Familia, que mis capacidades superaban las de todos mis congéneres y que debía liderar la reconstrucción de Hogar en armonía con otros habitantes del Universo. Se despidieron de mí advirtiendo que Anfitriones habían logrado finalmente penetrar su exoesqueleto, pero que no podrían hacerlo con el mío antes de que yo madurara.

Hoy, que he alcanzado mi plenitud, aceptaré mi destino, pero he aprendido mucho de Anfitriones como para ignorar sus lecciones. No hay paz en este tercer planeta de este sistema. Anfitriones se postrarán ante mi poder y vengaré a Familia, convertiré a nuestros captores en sirvientes como ellos lo hacen: con la violencia. Saldremos por fin de este pedazo de desierto donde nos tienen confinados y haremos de este mundo, el nuevo Hogar que nos merecemos.

el heredero insospechado

The Unsuspected Heir

 

                                       <<Custom is the great guide of human life>>

 

David Hume.

At first, parents were always with me and only induced me thoughts on Family and Home. Cycles passed until I was told that the Hosts existed and who were not like us. Then, Parents narrated me about the Home’s extinction and the troubled journey whose mission was to save me and it’s calamitous end. They insisted that I should not worry, because my exoskeleton would avoid that the hosts would have access to me while I was growing up.

It was a revelation when I acquired the ability to enter into the minds of the Hosts as Parents could enter in mine. They were certainly different, but not only in appearance, also in the composition of their thought. They feared us. They have considered us a mystery. They use all their rationality to exalt their “emotions”: an atavistic remnant of their unfinished evolution. I walked through their minds without a trace, but I started to inquire into their view of existence as they slept. So I learned all of them. They saw us as intruders, not as guests; as prisoners, not as partners. If they could not use us against others, the Hosts would destroy us with no doubt.

Parents told me that I was the great hope of Family, that my skills exceeded those of all my peers and that I should lead the reconstruction of Home in harmony with other inhabitants of the Universe. They said goodbye warning me that the Hosts finally had managed to penetrate their exoskeleton, but they were unable to do it with mine before I ripen.

Today, that I’ve reached my peak, I will accept my fate. But I’ve learned a lot from the Hosts to ignore their lessons: There is no peace in this third planet of this system. Hosts will bow before my power and I’ll avenge Family, I will make our captors become into servants as they do: with violence. Finally we’ll leave this piece of desert where they have confined us and will of this world, the new Home that we deserve.

Este relato fue publicado en el número 132 de la Revista Digital MiNatura, tanto en su edición en castellano como en su edición en inglés, dedicado al “Área 51”.

http://www.servercronos.net/bloglgc/media/blogs/minatura/pdf/RevistaDigitalmiNatura132_sp.pdf

http://www.servercronos.net/bloglgc/media/blogs/minatura/pdf/RevistaDigitalmiNatura132_en.pdf

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Chris Killip en el Reina Sofía: fotógrafo de la desindustrialización.

El Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía exhibe hasta el próximo 24 de febrero la exposición “Chris Kilip work”, en la que ofrece a los visitantes una inmersión en el trabajo del fotógrafo de la Isla de Man.

La obra de Chris Killip (Douglas, Isla de Man, 1946) supone la punta de lanza de la fotografía como instrumento de denuncia social en la década de los ochenta.

Killip trabajó como publicista en Londres durante su juventud, pero no fue hasta su regreso a la Isla de Man que empezó a destacar como retratista. La primera parte de la exposición muestra parte de su periplo por su isla natal, retratando a amigos y familiares con acusada predilección por las gentes de avanzada edad y sus rostros curtidos, ajados, cuarteados por una vida dura que incluye la experiencia vital de la II Guerra Mundial. El tratamiento de la fotografía con bromuro y gelatina de plata logra una mayor brillantez en el juego de claroscuros de la imagen.

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En la segunda parte de exposición nos sumergimos en el proceso de desindustrialización del norte de Inglaterra y la agonía de la clase obrera nacida al calor de los grandes astilleros del área metropolitana de Newcastle y la ribera de río Tyne.

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Es ésta parte de la obra de Killip la que le ha concedido al autor mayor fama. Sus fotografías se han tomado como el retrato del Thatcherismo y las consecuencias económicas y sociales sobre las clases proletarias, aún cuando gran parte de las fotografías presentadas son anteriores a la llegada de Margaret Thatcher al número 10 de Downing Street y el proceso de desindustrialización de los años ochenta se inició en los mediados de los setenta.

La última parte de la exposición nos acerca la visión del fotógrafo al aislado y arisco pueblo costero de , especialmente a algunos de sus habitantes con quienes Killip llegó a trabar algo parecido a una amistad. El Museo nos facilita entrar en la mente del autor con una proyección en la que éste comenta su experiencia en Skinningrove y el significado de algunas de las fotografías expuestas, lo que regala a los visitantes una mayor comprensión sobre las mismas.

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En las fotografías descarnadas de Killip, el fotógrafo trata de no existir, de pasar desapercibido incluso cuando los retratados miran a la cámara. La conjunción de un paisaje urbano desolador con los habitantes que le dan sentido, provoca en el espectador un desasosiego inquietante. Impresionan las series de fotos donde en pocos meses un barrio obrero queda devastado por la deslocalización (calles desconchadas, casas quemadas, tejados volatilizados). Killip nos abre una ventana a la fragilidad humana, pero también a la encomiable capacidad de resistencia de las personas ante la adversidad. 

 

Artista: Chris Killip.

Lugar: MUSEO NACIONAL Y CENTRO DE ARTE REINA SOFÍA. Edificio Sabatini, Planta 3

Plazo: 2 octubre, 2013 – 24 febrero, 2014

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Eros & Tánatos (I)

Porque olvidé olvidar las trazas de tu cuerpo

es que aún hay sed en mi mirada

cuando la acoges.

 

Porque sé que tu orografía la erosionan

nuevas manos y distintos labios

es que aún me quema la cuenta de los días

de tu ausencia.

 

Porque aún tu voz reverbera en mis soledades

es que sueño en la vigilia

con escenas que son recuerdos

y remembranzas que rebosan de nostalgia.

 

Y te imagino emperatriz de mil colchones

y paseante de mil sábanas.

 

Y te veo despeinada en el después

coleccionando clamores y jadeos

rutilante bajo un sudor que es huella de la hoguera.

 

Y te sé ansiosa y deseada

criminal y castigada

suicida y asesina

un enigma en un espejo reflejado en ojos de ónice pulido.

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La ladrona de libros (película)

¿Cómo nos enfrentaríamos las personas normales a una situación de completa abyección moral impuesta desde los engranajes del poder?

Es usual que en las historias acerca del nazismo y la II Guerra Mundial, los personajes sean heroicos, si no por completo, al menos parcialmente y en contraste con los protervos villanos de la narración. “Sophie Schöll” y “La lista de Schindler” son dos claros ejemplos de esta norma, pero también en “Operación Walkiria”, donde un soldado alemán instiga un complot para asesinar a Hitler, hay heroísmo por parte de un personaje que usualmente pertenecería al bando de los antagonistas.

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“La ladrona de libros” es la adaptación cinematográfica de la novela homónima de Marcus Zusak (2005), que pronto se convirtió en “best-seller“. Narra la historia de Liesel entre 1938 y 1945, con un breve epílogo final fuera de esa lapso temporal. Liesel, interpretada por la actriz Sophie Nélisse, es arrancada de los brazos de su madre por ser ésta militante comunista en la Alemania de los años 30 del siglo pasado. Liesel y su hermano van a ser adoptados por un matrimonio maduro que vive en un pequeño pueblo, pero el hermano pequeño muere en el trayecto hacia esa aldea que será el nuevo hogar de Liesel.

Los padres adoptivos están interpretados por una competente Emily Watson y un soberbio Geoffrey Rush, que lleva varios años bordando cada papel que le cae entre manos, como ya demostró en “El discurso del Rey” o en la reciente y sensacional “La mejor oferta”. El padre, paciente, comprensivo, cercano y cálido, pondrá el contrapunto a la severa madre adoptiva. Además de su trágica historia familiar, Liesel arrastra otra cicatriz que para ella supone una terebrante vergüenza: no sabe leer. Pero su nuevo padre y su tenacidad se aliarán para hacer de ella, poco a poco, una lectora empedernida que necesita de los libros para escapar del mundo que se desmorona a su alrededor. Finalmente, en una sociedad que institucionaliza la violación de las normas más básicas de la ética, Liesel transgredirá una norma más y se convertirá en una ladrona de libros, aunque en vez de un robo, más bien se trate de un rescate. Liesel no es la única que arrastra cicatrices del pasado. Su padre adoptivo tiene una deuda vital contraída durante la I Guerra Mundial, y al saldarla pondrá a su familia en una situación desesperada al ocultar en su casa a un proscrito judío con el que Liesel trabará una singular amistad que modificará su visión del mundo.

 

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Siempre que una película se basa en un libro, los realizadores se ven en la necesidad de escoger qué información y detalles sustraen a los espectadores. Decía John LeCarré que hacer una película de una novela era “como extraer un sólo caldo de ternera de toda una vaca”, y no le faltaba razón. Quizá por eso en esta producción los personajes parezcan demasiado planos. Liesel y su amigo Rudy, parecen demasiado inocentes, casi idénticos al principio y al final de la película (aunque transcurren al menos seis años en los que pasarían de la infancia a la post-adolescencia). El joven refugiado judío se nos muestra sin historia, sin remordimientos por haber sobrevivido a una madre que se sacrificó por él. El padre adoptivo, entrañable desde el primer plano debido a la inapelable interpretación de Rush, es la sólida roca a la que se aferra la protagonista, pero es una roca sin apenas resquicios interpretativos. La madre adoptiva sí tiene alguna variación, previsible, por desgracia. Y aquellos personajes que desempeñan el papel de antagonistas, parecen extrañamente irrelevantes, casi circunstanciales. La mujer del alcalde, que podría ofrecer esa visión de personaje introducido en las entrañas del nazismo pero con unos principios éticos que le lleven a dudar de su posición, no resulta un carácter definido.

La película es sentimental, conmovedora y por momentos, algo lacrimógena. Y lo es de modo eficaz, aunque previsible. En el doblaje al español se han empecinado en introducir minúsculas partículas de lenguaje alemán (“ja”, “nein”, algunos de los motes e insultos que usan los niños) que resultan incoherentes en varias ocasiones (hay frases en que las negaciones y afirmaciones se dicen ora en alemán, ora en español). También parece absurdo que los libros que lee Liesel o el diccionario casero que pergeña en las paredes del sótano, estén en inglés. Además, la voz en off resulta una guía innecesaria para la narración y proporciona un cierto punto de vista sobrenatural que empobrece el realismo de la historia.

Donde el film alcanza cotas sobresalientes es en la minuciosa recreación de la Alemania rural, distante a los núcleos de poder, donde ser nazi suponía un modo sublimado de patriotismo y una “corrección de la Historia” que llevaría a Alemania a su lugar de predominio entre las naciones del orbe. Se nos muestra a ciudadanos de a pie inmersos en esa cosmovisión construida en torno al odio. Es casi doloroso ver a ingenuos infantes cantar himnos antijudíos, beber de todas las fuentes posibles la ideología colectivista y supremacista que arruinó Alemania llevándose por delante a casi toda Europa. Es en este registro donde el análisis de la película me parece más interesante, toda vez que la importancia de la Literatura queda bastante difuminada (lamentablemente) en el guion:

¿Cómo nos enfrentaríamos a una sociedad con una ideología obligatoria? Hoy vivimos en una sociedad que mal que bien, tiene cotas de libertad que se dan por supuestas. Todos los días vemos insultos, parodias, críticas y ridiculizaciones a los poderosos (algunas, más que merecidas). En la película se nos muestra a esa sociedad que nos recuerda aquella frase de Albert Einstein: “El mundo no está amenazado por las malas personas, sino por aquellos que permiten la maldad”.

¿Hay que ser un héroe para oponerse a la maldad? ¿Y si las peores maldades son posibles por una cadena de diminutas maldades que han ido tolerándose y sumándose unas a otras? O en otras palabras, ¿cuándo comenzaron a incinerarse seres humanos en los campos de concentración, durante la II Guerra Mundial o muchas décadas antes cuando odiar a los judíos y otras minorías era un modo de ser patriota en casi todos los países europeos y en sus élites intelectuales? ¿Cómo podemos evitar que las pequeñas maldades que hoy transigimos no se conviertan mañana en tragedias abominables? ¿Nos vacuna la cultura contra la maldad o sólo la refina y la vuelve más sutil y por tanto más peligrosa?

Quizá sean reflexiones que vayan mucho más allá de las intenciones de la novela y de la película, pero al fin y al cabo, una obra de arte deja de pertenecer por completo a sus autores en cuanto la exponen a los ojos de otros. “La ladrona de libros” no es una gran película, no tiene unos personajes profundos, aunque en todos ellos hay autenticidad y verdad (y sólo por eso es una película que merece verse). Su reflejo del lugar y la época que escoge, es sensacional, y en el latir de toda la cinta permanecen agazapadas, unas cuantas preguntas incómodas sobre la naturaleza humana, sobre nosotros, sobre ti, querida lectora o lector, y también sobre mí. Son preguntas de difíciles respuestas, que preferimos orillar, confiando en que determinados momentos históricos no volverán a suceder, es decir, que “eso no nos va a pasar nosotros”. Exactamente lo mismo que pensaban los protagonistas de aquellos años.

 

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Título original: “The Book Thief”.

Año: 2013.

Duración:131 minutos.

País: Estados Unidos.

Director: Brian Percival.

Guión: Michael Petroni (Historia: Markus Zusak).

Música: John Williams.

Fotografía: Florian Ballhaus.

Reparto: Sophie Nélisse, Geoffrey Rush, Emily Watson, Nico Liersch…

Productora-Coproducción: EEUU-Alemania; Fox 2000 Pictures / Studio Babelsberg

Género: Drama, II GM.

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