Interstellar, ¿la peor película de Christopher Nolan?

Interstellar, ¿la peor película de Christopher Nolan? 


Un melodrama familiar, una distopía apocalíptica, un aventura épica de ciencia-ficción, una reflexión sobre el tiempo y el amor, un discurso metafísico que incursiona en el thriller, una superproducción hollywoodiense, cine de autor con pretensiones cientificistas y resonancias religiosas, un homenaje a Kubrick y a Borges… Todo esto es la novena película de Christopher Nolan.

El cineasta londinense nos ha regalado maravillas como Memento, intensos filmes como “The Prestige” o “Inception” y la muy exitosa trilogía de “El caballero oscuro” que alcanzó su cénit en la segunda entrega y mostró algunas flaquezas de guion en la tercera.

Interstellar es una película de una ambición ciclópea, diseñada por Nolan y su hermano menor Jonathan (su frecuente co-guionista) para abrumar al espectador a nivel visual, emocional y argumental. Logra lo primero, aunque hoy en día eso es una cuestión de producción y dinero invertido; apenas logra lo segundo gracias a buenos pero esporádicos momentos de gran calidad actoral y, en mi opinión, fracasa en lo tercero.

Da la sensación de que, pagados de sus éxitos anteriores, los hermanos Nolan hayan bajado su nivel de autoexigencia en cuanto a la minuciosidad y coherencia de sus guiones. Es complicado describir los agujeros de la historia sin precipitarse por una catarata de spoilers y desentrañar el guion a quien no haya visto la película, pero vamos a intentarlo.

Los once principales motivos por los que Interstellar es un producto fallido. 

-El punto de partida de la historia es prácticamente increíble. Aunque podemos colegir que la narración se inicia hacia mediados del siglo presente, nos explican que la Humanidad ha renunciado a la tecnología (ni siquiera hay teléfonos móviles). La insuficiente explicación en boca de un personaje es que “no nos hemos quedado sin televisores sino sin comida y por eso no necesitamos ingenieros sino granjeros”. Y con ese simplón punto inicial, el protagonista, ingeniero y otrora el mejor piloto de la NASA es “condenado” a cultivar maíz como se hacía 100 años antes, con la única diferencia de unas cosechadoras automáticas que él mismo programa (y que no queda claro por qué se vuelven locas en un momento dado).

Es simplemente inadmisible que ante una hambruna global la Humanidad renuncie a la tecnología en vez de utilizarla para combatir las penurias y multiplicar la productividad, como se ha hecho desde que nos convertimos en agricultores.

-Si la NASA (o su heredera) tiene un proyecto de salvación de ese mundo crepuscular, es increíble que no contaran con el protagonista antes, y que este se vea incluido en el proyecto porque las instalaciones estaban a un viaje en coche de su granja. Lo lógico hubiera sido que hubieran recurrido a él, máxime cuando no tenían piloto para el viaje.

-Las filias y fobias de algunos de los personajes son de quita y pon. La relación paterno-filial oscila de modo absurdo, siendo inaceptable la última escena entre ambos personajes, que conlleva una incoherencia absoluta con lo que se nos ha explicado que ambos son el uno para el otro y sienten el uno para el otro. Si la necesidad de reencontrarse es la que vertebra el hilo emocional de la historia, el final propuesto es un tiro en el pie que se dan los guionistas a sí mismos y un insulto al intelecto del espectador.

-Esta película presume de ser la que de modo más realista se ha aproximado a la ciencia (sobre todo a las teorías relativistas de Einstein), pero tenemos que “soportar” con que entre la tripulación del viaje más importante de la Humanidad, haya alguien, a quien se supone una mente científica privilegiada, que se descuelgue con un argumento tan propio de una novela de Paulo Coelho como “el amor es la única fuerza que puede viajar entre las dimensiones del universo”. Pero si eso es indignante, más lo es que en el descabellado final ese principio cursi y superficial se erija en resolución del mejunje argumental.

-En el funcionamiento de los artefactos necesarios para el viaje, hay varias incoherencias (por ejemplo, necesitan cohetes con tanques enormes repletos de combustible para salir de la gravedad terrestre pero pueden escapar de planetas con más gravedad que la Tierra “apretando el acelerador” de una nave diminuta) y disparates (la mecánica de Newton y la navegación orbital ante objetos de grandes masas se ven mancilladas, cuando no simplemente liquidadas).

-Se usa de manera indistinta los términos “agujero negro” y “agujero de gusano”. La incursión en el primero de los planetas a explorar carece de sentido teniendo en cuenta cómo el particular discurrir del tiempo afecta al astronauta que quieren rescatar, algo que deberían haber valorado antes de descender a ese planeta.

-¿Puede haber un vasto océano de solo medio metro de profundidad donde haya olas altas como montañas? ¿Y nubes congeladas que flotan como si fueran un techo permanente? Incluso aunque una peculiarísima química de fluidos extraterrestres pudiera sostener esos paisajes, no ayudan a que la película nos resulte más creíble.

-El comportamiento de los personajes de Michael Caine y Matt Damon también es incoherente con lo que se nos explica de ellos, aunque Nolan cuenta con que lo pasemos por alto alegando que ambos estaban en situaciones absolutamente extremas que deformarían el comportamiento de cualquiera. Vale. Pero de nuevo parece un ardid para hacer avanzar la historia aunque al final logre lo contrario: ralentizarla y hacerla más pastosa, menos fluida.

-La necesidad de homenajear a Kubrick lleva a Nolan a la previsibilidad y a atronar a los espectadores con la banda sonora hasta el punto de comprometer la escucha de algunos diálogos; hay momentos en los que cesa la música, repetitiva, por cierto, que el espectador agradece como un oasis de silencio en un desierto de corcheas y semifusas. En esta intención de emular a Stanley Kubrick, Nolan acaba sumergiéndose en una metafísica pretenciosa que queda muy por debajo de “2001. Una odisea en el espacio”.

-Como ya hizo en “Inception”, aunque en la película protagonizada por DiCaprio de modo más eficaz y justificado, el director nos hace pasar por una larguísima secuencia paralela entre los dos lugares donde transcurre la historia. Lo hace en dos ocasiones en el tercio final de la película (con la música martilleándonos sin cesar) y logra que ese recurso se vuelva manido e ineficiente para generar una tensión creciente pero previsible.

-La intención de convertir la dimensión temporal en un plano físico adicional es brillante a nivel visual (y he aquí una reminiscencia de “El alef” y “La biblioteca de Babel” de Borges) pero plagado de incoherencias con la historia. Si el tiempo puede llegar a detenerse para alguien dentro de una singularidad desnuda y puede ser recorrido a placer, quien tuviera ese poder similar al de un Dios atemporal podría realizar elecciones mucho mejores que las que se plantean.

-Cuando creemos que la película ha finalizado, aún nos quedan unos minutos de clausura, aún más descabellados que los anteriores si atendemos a la construcción psicológica de los personajes.

Para agujeros negros y de gusano, los del guion; podríamos estar sacando muchos más durante varias páginas (sobre todo si dejamos de preocuparnos por no hacer spoilers).

La película adolece de lentitud en su primer tercio, se va deformando durante el segundo y se vuelve descabellada e incoherente en el último tercio. Nolan sigue manejando muy bien la cámara, logrando planos de gran mérito visual y obteniendo una experiencia reseñable en el visionado del film, pero cuando el guion muestra tantas grietas y teniendo en cuenta que el listón de su arte lo ha puesto muy alto con sus anteriores películas, es inevitable plantearse si estamos ante la peor (o la menos buena) de sus producciones.

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Español víctima de lo que Juvenal denominó "Insanabile cacoethes scribendi".
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