“Novecento”, la profundidad liviana de Alessandro Baricco

Imaginen un barco que se desliza por el Atlántico dejando fugaces cicatrices de espuma.

En el barco hay un salón de música, y en él, un piano y su banqueta, y sobre la banqueta, un hombre cuyas manos se deslizan sobre las ochenta y ocho piezas del teclado dejando perennes cicatrices sonoras en los oídos de sus espectadores.

Ese hombre es Danny Boodman T. D. Lemon “Novecento”. 

El más grande.

Abrir un libro de Alessandro Baricco supone asumir un proceso de inmersión. El renombrado autor italiano no es un novelista que nos deje noqueados con una sucesión de ganchos narrativos. No es un escritor que nos anonade con descripciones minuciosas. Ni siquiera apuesta por abofetearnos con realidades trágicas como se estila hoy en día.

No le hace falta. 

Leer a Baricco supone ir sumergiéndose poco a poco en la aparente liviandad estilística de sus narraciones. En una época donde se valora a los escritores por su capacidad para impresionar al lector, él apuesta por transmitir belleza envuelta en palabras, poesía disfrazada de prosa ligera.

Sus novelas son breves, casi minimalistas; pero las huellas que dejan son profundas, como una melodía que no nos podemos sacar de la cabeza, como una sonata de piano ejecutada por Danny Boodman T. D. Lemon “Novecento”, el pianista en el océano.

“Novecento” fue alumbrado por Baricco a modo de experimento. Quería redactar un texto teatral y creó un monólogo narrado por un trompetista embarcado en un buque que fatigaba el Atlántico entre Europa y América. Pero no la América de ahora, sino esa América de principios de siglo pasado (la época en la que Baricco decide instalar muchas de sus narraciones); esa América que suponía la culminación de los sueños de muchos europeos, una tierra que más que una localización geográfica era un ideal, un vergel de oportunidades y un exilio al que escaparse de lo que uno había sido o estaba destinado a ser.

En ese barco nacerá el personaje protagonista. En ese barco es abandonado por sus padres. En ese barco es adoptado por un marinero que le presta su nombre. En ese barco aprende, no sabemos cómo, a tocar el piano y en ese barco se erige en el mejor pianista de todos los tiempos. El más grande.

Novecento 2

“Novecento, la leyenda del pianista en el océano”, se abre como la corola de una flor a todas las metáforas y significaciones que el lector quiera otorgarle. Puede hablar sobre el miedo al cambio y sobre la necesidad de aferrarnos a lo que conocemos. Sobre la amistad y el amor, sobre la soberbia y la humildad. Sobre la nostalgia y el temor al futuro, pero también sobre la necesidad de abrazar ese futuro sin dejar de sonreír al pasado. 

El monólogo teatral fue publicado como novela, para fortuna de los que entendemos que leer a Baricco es un pedacito de felicidad. Es un texto que se lee en un suspiro y se recuerda por siempre. En él te sumerges poco a poco, pero irremediablemente. Y llegas a anhelar el poder entender el jazz,el haber estado presente en aquel salón de música deleitándote con las notas imposibles de un pianista que no llegó a existir para el mundo oficial. Las notas de Danny Boodman T. D. Lemon “Novecento”. El más grande. 

Novencento 1

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Español víctima de lo que Juvenal denominó "Insanabile cacoethes scribendi".
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